La música también es ilusión.

sábado, 28 de mayo de 2011

"Cuando crezca yo quiero ser un niño"

Los recuerdos; la memoria; el desengaño; el olvido; la ilusión; el hermetismo; la desazón; la nostalgia y la tristeza.
Juegos de niños pasan por mi cabeza cual reflejo de lo que hoy soy, de lo que hoy conformo y de lo que hoy considero que es importante vivir. 
A veces, la niñez nos aporta cosas magníficas, que nos dejan bellos recuerdos en los que poder, con una pequeña pizca de humildad, encontrar nuestro pasado, presente y futuro. Porque somos siempre niños cuando recordamos aquellos momentos con nuestros grandes compañeros de clases y de rutina... esas personas que compartían con nosotros secretos, diversión, penas y tristeza. 
En esa época nos encantaba gritar, saltar, inventar personajes animados que nos acompañarían durante nuestro largo recorrido. Éramos curiosos y nos podía sorprender una simple flor o una "muñeca vestidita de azul". En aquel momento sabíamos reír sin importar el motivo; encontrábamos la excusa perfecta para encontrar un rincón secreto en el que alejarnos del mundo. Disfrutábamos revolcándonos en la tierra, sin importar qué indumentaria lleváramos, porque lo importante era el contacto con la naturaleza. 
Éramos conscientes e inconscientes... la amistad superaba el desafío porque teníamos en cuenta quiénes eran nuestros verdaderos amigos y quiénes no. Creíamos en las hadas, en los duendes, en los magos y brujas; y además de creer, sabíamos visualizarlo y entendíamos nuestro propio lenguaje. Ese lenguaje que hoy los adultos desprestigiamos tal vez por envidia.
Muchos dicen que "los niños son crueles". Pero los niños, no son más que el reflejo de la sociedad en la que vivimos. Sociedad que juzga, que hace estereotipos, que rechaza lo diferente y lo creativo. Una sociedad adulta que mata el intelecto para convertirlo en desconocimiento. Una sociedad que utiliza a niñas para prostituirlas y a niños como soldaditos de guerra que luego, se convierten en malvados. 
Los niños son el reflejo de un pueblo que nos manda y nos dirige. Que nos prohíbe hablar cuando "los adultos lo están haciendo" (por respeto; tal vez. Pero yo lo considero más bien, por miedo a que delaten nuestra propia ignorancia dejándonos en evidencia). Los niños son el reflejo de lo que la sociedad hace con nosotros.  Todas las personas se han conformado por el reflejo de su infancia pero también por el mandato de aquellas mamás, papás, amigos, hermanos, que nos decían cómo debíamos de actuar: "camiones y playmobils para los niños y muñecas y cocinitas para las niñas". 

Los niños son el espejo de una sociedad lastrada donde los adultos los utilizan como moneda de cambio en determinadas situaciones ("es mi hijo; y por tanto, no tienes derecho a verle más"). Pero también los niños son la excepción a una regla básica: ellos tienen inocencia. Captan nuestro mensaje y lo transmiten y se convierten en pequeños terremotos, niños tristes o alegres de ser como son.
Cada niño vive su propio mundo, su propio cuento y su propia vida real. Pero cada niño es el producto de una sociedad que muchas veces no les tiene en cuenta. 
Si escucháramos cada vez más las voces de esos niños que dicen "reclamo tu atención", si les enseñáramos lo bonito de la lectura, de aceptar al semejante sin discriminación de ningún tipo, si tuviéramos la capacidad suficiente y el tiempo necesario para hablar con ellos y escuchar sus ilusiones, momentos cotidianos que a los adultos nos parecen absurdos pero a ellos trascendentes, seríamos personas mucho más realizadas, que conservaríamos nuestra creatividad, nuestro humor y nuestro saber hacer las cosas por el simple hecho de divertirnos y no del lucro. Sabríamos que un simple tubo de papel higiénico con jabón sirve para hacer pompas que, exploten o no, nos divierten y nos hacen sentir dichosos. Sabríamos, si todos amáramos a nuestros hijos de la forma correcta, valorar los castillos de arena que otros realizan sin pretensión de destruirlos y hacer otro mejor. 
Si los niños de verdad fueran educados en el desarrollo natural de sus propios instintos... ¡¡cuán feliz sería el mundo!! Todos viviríamos en una balanza entre el bien y el mal en el que realidad y utopía se mezclarían para conformar un mismo conjunto. 
Cuando consideramos que los niños son crueles pensemos que no son ellos los que son crueles, es la sociedad la que, en sus primeros momentos de vida, les hace así.

Yo, por fortuna, tuve una infancia en la que mi mamá supo cómo romper los estereotipos de una forma indirecta. Supo el placer que nos causaba jugar en el barro y luego recibir una buena ducha con sus manos laboriosas que siempre nos cobijaban. Supo cómo hacernos soñar con hadas dejándonos golosinas en el jardín cada sábado, despertándonos con una campana y anunciando que nuestra hada madrina nos había dejado un buen regalo... Mi mamá supo bailar conmigo y jugar conmigo; supo escucharme pero también corregir aquellas actitudes egoístas o mundanas. Mi mamá siempre me enseñó que es mejor ahorrar, conservar y tener un poquito para subsistir mañana porque nadie sabe lo que el futuro depara. Pero también me enseñó a disfrutar. Yo escuché a mis padres y ellos me dejaron escucharlos. Me dejaron ser la persona que hoy soy gracias al niño que fui ayer: un niño que amaba escuchar a los adultos porque consideraba que eran muy inteligentes (¡qué incrédulo!). Mi mamá supo escuchar mis fantasías, dejar que contactara con la naturaleza, esa que todo lo da y a su vez, todo lo quita. Supo, con sus modales exquisitos, enseñarme que nunca me debo reír o burlar del mal ajeno; que debo mostrar misericordia y disposición para ayudar. 
Mi mamá supo hacerme la infancia feliz a pesar de la adversidad  y del dolor que en sus momentos sentía. Ella conformó la infancia que hoy llevo dentro y que me hace recordar cuán afortunado hoy soy.
Puede que mañana muera pero sé, que habré muerto con la infancia y todo lo que ello conlleva dentro de mi propia esencia. 
Porque yo, fui de los niñOs que jugó con muñecas, que jugó con cocinitas y a los playmobils.
Porque yo fui el niño que hoy soy y que hoy siento dentro de mí.
 
¡¡ESCUCHEMOS LA INFANCIA, QUE ES EL TESORO QUE HACE QUE LA SOCIEDAD MEJORE!!

"Los niños han de tener mucha tolerancia con los adultos"

Antoine De Saint Exupery

Dedicado a mi mamá, a mis primas Alba y Lucía y a mi sobrino Alejandro... que siempre son capaces de conservar mi ilusión.

5 comentarios:

  1. Sin palabras, excelente entrada :)

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  2. La niñez no se pierde nunca de nuestro interior, siempre queda algo.

    Saludos.

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  3. Yo también cuando crezca , quiero ser una niña, aunque te confieso, que la niña que vive en mi, no morirá jamás...
    Besitos en el alma
    Scarlet2807

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  4. Me ha encantado esta entrada: sensible, tierna y crítica.
    Voy a subrayarte estas palabras:
    "Si los niños de verdad fueran educados en el desarrollo natural de sus propios instintos... ¡¡cuán feliz sería el mundo!! Todos viviríamos en una balanza entre el bien y el mal en el que realidad y utopía se mezclarían para conformar un mismo conjunto."

    Excelente mujer tu madre, que te permitió ser.

    Un abrazo solidario con tu reflexión

    Mercedes

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  5. esta asturiana viene de la bella morada de la sublime poeta y artista de Mercedes pues vi el comentario que le hiciste y me gusto mucho tu forma de expresarte así que aquí estoy y como no me confundí me encontré con una morada cuajada de sensibilidad, sabiduría y belleza y sin esperar ser molestia me quedo en ella, un besin muy grande y muchísimas gracias por hacernos participes de tus letras.

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