La música también es ilusión.

jueves, 12 de mayo de 2011

Reflexiones de un día nublado.

Dijiste que estaba loco por morder el suelo con mi frente. 

Dijiste que estaba loco por sentir tu respiración en mi regazo y el frío en mis pies.
Dijiste que estaba loco por haber amedrantado los momentos de soledad en mí.

Dijiste que estaba loco porque con un cuchillito de luna corté los hilos de mi corazón,

para que tú los manejaras en el preciso instante de caer en las lianas de tu mente.
Dijiste que estaba loco por no apreciar el frío que emergía de mí;

por reírme de lo insustancial y de lo más trascendente a la vez.
Dijiste que estaba loco cuando me rompía la canción en mi voz,

llorando y aporreando el piano con los dedos de mis pupilas.
Dijiste que estaba loco por correr descalzo sobre la lluvia

sintiendo el granizo en mi pecho.
Dijiste que estaba loco cuando olí tu cuerpo lleno de sangre para mí.

Dijiste que estaba loco por reírme de tus tonterías (aunque te molestaba que las llamara tonterías).

Dijiste que estaba loco por no recordarte en esos momentos en los que Gaudí se olvidó de mí.
Dijiste que estaba loco...
¿Y CÓMO HAGO PARA DESPERTAR DE ESTA LOCURA QUE ME ENVENENA EL ALIENTO?
Me descalzo, me visto, me lavo, me desvisto, me vuelvo a calzar, me sangro, me desangro y sigo pensando que el ser humano, con sus imperfecciones, es extremadamente bello. 

Como ver, en un día de terremotos en el que tus cimientos caen, personas que sobreviven con el halo de la esperanza al dolor y a la desidia. 
Como ver, que aun exhalando el último suspiro alguien se acerca corriendo a salvar nuestra soledad.
Como ver que detrás de las palabras más simples, o del gesto más callado se encuentra la verdad de todo nuestro destino.
Como ver que podemos tomarnos un café derramando sueños de azúcar en la taza de nuestros anhelos. 

Como ver que lo que nos hace locos es lo que verdaderamente, nos hace sentir vivos.

AMAR.
Terremotos en Lorca, terremotos en Japón, hicieron temblar los escombros de un lugar en el que las personas intentan mantener el edificio de su propio ser.



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